MONTANEJOS… EL ALMA DEL QUESO ARTESANO
Cuando un pueblo vuelve a oler a queso, no es solo por el aroma: Es porque el territorio recuerda, celebra y proyecta una identidad que trasciende el sabor. Y eso es lo que ocurrió en Montanejos del 3 al 5 de octubre de 2025. Durante tres días, el Alto Mijares no solo acogió una feria. Acogió una declaración. Una llamada al origen, a la excelencia y al respeto por los procesos que aún conservan el alma del producto. Este año, además, con el añadido de una organización impecable y el empuje de nombres clave que saben cómo construir cultura desde la gastronomía.
Un
jurado con criterio y sensibilidad
Hay
eventos que se construyen con nombres. Y hay eventos que se construyen con
criterio. Este fue el segundo caso.
Convocado
por Chema Ferrer, alma mater del programa “Comer y Beber” de Radio
Intereconomía, y orquestado con rigurosidad por Jose-Manuel Manglano, Director
del Certamen “Mejor Queso de la Comunidad Valenciana”, el certamen de este año
fue mucho más que un concurso: fue una clase magistral colectiva, donde
convergieron perfiles de altísimo nivel del mundo científico, gastronómico y
académico.
Formar
parte de uno de los tres paneles de jurado fue no solo un privilegio, sino
también una responsabilidad. El nivel de los quesos presentados exigió
conocimiento técnico y sensibilidad sensorial a partes iguales. Compartir mesa
con figuras como Amparo Chiralt, Javier Sánchez, Miquel Clemades, o con
profesionales de trayectoria brillante como Nuria Montes, Juanma Doménech, Rosa
Vázquez, Óscar Torrijos o Francesc Repiso fue sencillamente enriquecedor.
La feria que convirtió Montanejos en un ecosistema gastronómico
La
X edición de la Feria del Queso Artesano de Montanejos no fue una más. Fue un
salto cualitativo. Más de veinte queserías procedentes de diferentes rincones
de España se dieron cita en un evento que ya no es solo una feria, sino un
auténtico ecosistema sensorial.
Vinos
de micro-bodega, mieles crudas, aceites sin filtrar, cervezas artesanas y un
sinfín de productos de proximidad completaron la oferta. El término
"Kilómetro 0", tan a menudo vaciado de contenido, aquí cobró sentido.
Aquí fue real.
El
entorno ayudó: la nueva disposición del recinto, los showcookings en el Espacio
Gastronómico Villa Purificación, la música en directo y las actividades
familiares configuraron una experiencia inmersiva. Pero lo más importante fue
la respuesta del público: miles de personas, de perfiles diversos, implicadas
en cada cata, en cada pregunta, en cada bocado.
Diez
años de evolución, diez años de impacto
Montanejos
no improvisa. Montanejos planifica. Desde su nacimiento en 2016 como una
modesta iniciativa para impulsar el turismo local, la feria ha ido incorporando
mejoras progresivas que la han llevado a consolidarse como un referente dentro
del calendario quesero nacional.
En
apenas diez años se ha logrado lo que muchos eventos persiguen sin éxito:
continuidad, diferenciación y proyección. La marca “Castelló Ruta de Sabor”,
los avances en sostenibilidad, la integración de nuevos sistemas de pago con
pulseras inteligentes, la mejora estética de los espacios o el hermanamiento
simbólico con la Feria del Queso de Zuheros han sido pasos coherentes hacia una
visión más ambiciosa, más transversal.
La
inclusión dentro de la Ruta Europea del Queso es solo una consecuencia lógica
de esa evolución.
Qué
debes saber para saborear un queso como se merece
Asistir
a una feria quesera puede ser una experiencia lúdica, pero también puede ser
una auténtica lección sensorial. Para que sea esto último, hay que prepararse.
Aquí van algunas claves para disfrutar del queso sin quedarse en la superficie:
- Temperatura: no todos los quesos se sirven igual. Un curado
necesita reposar fuera del frío al menos 30 minutos antes de consumirse.
- Corte: no es un tema estético. El corte influye en la
percepción de textura y sabor. Usa cuchillos adecuados y respeta las
formas del queso.
- Orden: empieza siempre por los más suaves y termina
con los más intensos. Saltarte este orden anula matices.
- Pan y
acompañamientos: elige un pan
neutro. Evita los que llevan especias, semillas o aceites aromatizados. Y
si acompañas con frutos secos o mermeladas, que sea con criterio y mesura.
- Vino: no es obligatorio, pero si decides acompañar
con vino, piensa en el equilibrio. Un tinto joven puede arrastrar un queso
delicado. Un blanco aromático puede potenciar un pasta blanda. El maridaje
es un arte, no un automatismo.
Hay
lugares que acogen eventos. Y hay lugares que los transforman. Montanejos no
fue solo el escenario de esta feria, fue parte activa de su identidad. Porque
hay algo que no se puede replicar en ningún otro sitio: el cruce entre
tradición, territorio y talento local.
Y
si cada queso tiene una historia, esta feria las supo contar todas. Desde las
que nacen en cuevas naturales hasta las que fermentan con leche cruda sin
aditivos. Desde las que recuperan razas autóctonas hasta las que se lanzan a
innovar con cortezas comestibles o afinados en cerveza.
Qué
viene después
La
pregunta que queda flotando en el aire tras una edición así es simple: ¿Qué
será lo próximo?
Montanejos
ya ha demostrado que la gastronomía puede ser una herramienta de cohesión, de
innovación y de orgullo territorial. Ahora, toca seguir creciendo sin perder la
esencia. Porque en un mundo donde cada vez es más difícil distinguir lo
auténtico de lo impostado, esta feria sigue siendo, por suerte, profundamente
verdadera.
Mi
agradecimiento más sincero a Chema Ferrer, a Jose-Manuel Manglano, a Sebastián
Gómez (Fundación Turismo de Montanejos), y a Miguel Sandalinas (Alcalde
del municipio), por abrirme las puertas de este proyecto con tanta
generosidad y por impulsar, con convicción y coherencia, una feria que no solo
celebra el queso, sino también la identidad y el talento de un territorio que
merece ser contado.
No puedo cerrar esta crónica sin dar algunas claves "de Sumiller" acerca de la cata del queso...
Lo que nadie te cuenta sobre catar queso:
Probar queso no es lo mismo que entenderlo. Mientras la mayoría
se limita a saborearlo, quienes aprenden a catarlo descubren una dimensión
completamente distinta. Porque catar no es comer, es interpretar. Es conectar
con la historia de un alimento vivo, cambiante, que evoluciona ante tus ojos,
tus dedos, tu olfato y tu paladar. Este apartado no es una guía más: es una
invitación a experimentar el queso como nunca antes lo has hecho. Si te
interesa comer mejor, descubrir más y disfrutar como un auténtico gourmet,
sigue leyendo...
El primer filtro: lo que ves también se saborea
La cata empieza antes del primer bocado. Lo visual no es solo
apariencia, es diagnóstico. Un vistazo atento te dice si el queso ha madurado
correctamente, si ha sido bien tratado, si está en su punto o si algo ha salido
mal.
La corteza es el primer indicio: puede ser lisa y cerosa,
rústica y cubierta de moho, lavada, aceitada, especiada. Cada textura te habla
del método y del origen. El color no es casual: un blanco roto indica juventud;
los tonos rojizos delatan curaciones con pimentón o tratamientos artesanales;
los amarillos intensos, una maduración lenta y profunda.
Mira también el corte. ¿Tiene ojos? ¿Está agrietado? ¿Es
liso, húmedo, cremoso? Cada variedad tiene su anatomía y cada productor, su
firma visual. No hay dos iguales.
Olfato activo: aquí empieza el verdadero viaje sensorial
El queso se presenta por el aroma antes que por el sabor. No
basta con oler: hay que interpretar. Las notas lácticas son comunes en quesos
jóvenes. Las vegetales hablan de pastos y fermentaciones limpias. Las florales
pueden ser sutiles, casi efímeras, pero son reveladoras. Luego están los
matices tostados, las especias, las notas animales, las señales de complejidad.
La intensidad olfativa anticipa el carácter del queso. Pero
el verdadero momento llega al masticar. Ahí, el aroma se expande
retronasalmente y despierta registros nuevos. No te apresures. Permite que el
queso respire. Toma aire por la boca y expélelo por la nariz... percibe conscientemente el retro-nasal. Hay sorpresas que no se revelan al primer contacto.
Sabores que no se explican, se experimentan
El gusto no es solo una cuestión de sabor. Aquí interviene
también la fisiología. Lo dulce, lo salado, lo ácido, lo amargo, el umami, o el metálico están
presentes en proporciones distintas según la leche, la fermentación, el tipo de
cuajo, la maduración. Y luego están las sensaciones trigeminales: el picante de
un queso azul potente, la astringencia de uno muy curado, el toque ardiente que
queda tras un bocado intenso. No todos los paladares están preparados, pero eso
es parte del reto.
Textura: donde el paladar se convierte en microscopio
La boca reconoce lo que la vista no alcanza. ¿Es untuoso,
seco, húmedo, cremoso? ¿Qué pasa cuando presionas con la lengua contra el
paladar? Algunos quesos se deshacen como mantequilla, otros resisten el
mordisco con una firmeza elástica.
La textura también cuenta historias: una pasta blanda indica
juventud y frescura, una firme y quebradiza, paciencia y curación. La
granulosidad es otra pista: fina, arenosa, gruesa… hay que sentir para saber.
El regusto: la última palabra del queso
Una vez que tragas, no termina la cata. Al contrario, empieza
el recuerdo sensorial. El gusto residual, ese eco de sabor que se queda en la
boca, aquí es donde el queso demuestra su carácter.
¿Desaparece en segundos o se queda acompañándote durante
medio minuto o más? Esa persistencia no es casual: depende de la leche, del
tipo de fermentación, del afinado, del terroir. Y es, probablemente, uno de los
elementos más subestimados por quienes aún no se han detenido a catar con
atención.
Cómo acompañar para no estropear
El error más común: querer impresionar con maridajes sin
sentido. Lo primero es no eclipsar al queso. Un pan neutro, pero de buena
calidad, limpia el paladar sin competir. La fruta fresca (manzana, uva, pera),
ayuda a equilibrar la grasa. Los frutos secos aportan contraste sin
agresividad. Las frutas deshidratadas, con su dulzor natural, funcionan muy
bien con quesos potentes, azules o curados.
Evita sabores invasivos, panes muy especiados o frutas
demasiado ácidas. En este caso concreto, menos, es más.
Y si eres amante de buenos vinos, aquí tienes mucho campo para las armonías más sutiles, desde blancos secos para quesos grasos, rosados frescos para quesos suaves, tintos profundos para quesos muy curados y finalmente vinos dulces, generosos o botrytizados para quesos fuertes, azules o picantes... todo un mundo por experimentar, siempre con coherencia y equilibrio.
Finalmente: catar es una forma de entender el mundo
Catar queso no es una habilidad reservada a sumilleres o
expertos, es una forma de educar los sentidos, de entrenar la curiosidad y de
respetar lo que comes. Cuando aprendes a leer un queso, descubres todo lo que
hay detrás: el animal, el pasto, el clima, la técnica, la mano que lo creó.

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