ENTRE LA RAÍZ DEL AGAVE Y EL JUICIO EXPERTO: MI VIAJE A JALISCO PARA EL CERTAMEN SPIRITS SELECTION 2025
No hay lugar en el mundo que
represente con más contundencia la esencia del agave que Jalisco. Este
estado mexicano, cuna indiscutible del Tequila y la Raicilla (ambos amparados
por Denominación de Origen), no solo ha sabido preservar su herencia, sino que
hoy la proyecta con fuerza renovada hacia el futuro. Guadalajara, Puerto
Vallarta y el icónico pueblo de Tequila no son solo destinos turísticos: son
nodos de una cultura líquida que fermenta y destila identidad nacional.
Participar en la 27ª edición del Spirits
Selection by Concours Mondial de Bruxelles, celebrada del 8 al 10 de
septiembre de 2025, en esta tierra vibrante, fue no solo un honor profesional,
sino también una vivencia sensorial profunda, envuelta en tradición, innovación
y excelencia.
Un certamen global con alma local
Durante tres intensas jornadas,
2.598 espirituosos procedentes de 70 países fueron evaluados a ciegas por un
jurado compuesto por 140 expertos de 45 nacionalidades. Cada muestra se integró
dentro de una de las 64 categorías representadas, en sesiones rigurosamente
estructuradas que nunca superaron las 35 referencias, respetando así los más
altos estándares de precisión sensorial.
Esta edición reafirmó la razón
por la que el Spirits Selection se ha consolidado como el certamen itinerante
más respetado del sector, por la excelencia en la metodología de cata, la
selección meticulosa de jueces y la capacidad para dar visibilidad
internacional a regiones productoras que combinan tradición, calidad y
carácter.
Mesa 13: rigor, diálogo y perspectiva
femenina
Desde 2008, he tenido el
privilegio de participar como jurado en los certámenes organizados por el CONCOURS
MONDIAL DE BRUXELLES, y cada año me aporta aporta nuevas perspectivas. En
esta edición del SPIRITS SELECTION by CMB, formé parte de la mesa número
13, junto a cuatro expertos internacionales: Alberto Birollo (Italia), Zsolt
Attila Szigeti (Hungría) y Ricardo Pico (México), bajo la presidencia del
estadounidense Derek Sanhaus. De nuevo, fui la única mujer en este panel, como
suele suceder, algo que, lejos de ser anecdótico, invita a reflexionar sobre la
representación femenina en el análisis sensorial de bebidas espirituosas.
El trabajo en equipo fue impecable: las sesiones se desarrollaron con profesionalismo absoluto, validando individualmente nuestras puntuaciones en tiempo real a través de dispositivos digitales, y compartiendo impresiones solo después de registrar nuestras evaluaciones. Mis aportes fueron escuchados y valorados con respeto y apertura por mis colegas de mesa, lo cual refuerza la importancia del intercambio multicultural en un certamen de este calibre.
Más allá de la cata: el alma
cultural de Jalisco
Detrás de cada bebida espirituosa mexicana hay una historia que no se embotella, pero que se respira, se escucha y se celebra. Antes incluso de catar la primera muestra en el Spirits Selection by CMB, el viaje ya nos había sumergido en esa otra dimensión: la emocional, la simbólica, la profundamente humana, de lo que significa el agave para México. Como jurado invitado, tuve el privilegio de presenciar una apertura que no fue un simple acto protocolario, sino un acto de afirmación cultural.
En el majestuoso Teatro Santos Degollado de Guadalajara, joya arquitectónica del siglo XIX y sede de la Orquesta Filarmónica de Jalisco, fuimos recibidos en el Encuentro Internacional del Mariachi y la Charrería 2025. Allí, bajo la dirección del Maestro Enrique Gradillo, el Mariachi Nuevo de Catitlán nos ofreció una interpretación cargada de historia y orgullo. La música del mariachi, en directo, no necesita traducción. Es raíz y resistencia. Es identidad que vibra en los corazones.
Tequila
Lab: cuando la tradición entra en la era digital
Uno de los momentos más inesperadamente reveladores fue nuestra visita al Museo Tequila Lab, en el corazón de Guadalajara, un centro cultural que ostenta un Record Guiness, al reunir la mayor cantidad de botellas de tequila en un solo lugar, con un total de 3.199 ejemplares. Lejos de ser un museo tradicional, este centro cultural fusiona tecnología de vanguardia con tradición ancestral. A través de experiencias inmersivas en realidad virtual, se desvelan los secretos del Tequila no como simple destilado, sino como símbolo nacional, sostenido por una comunidad comprometida, laboriosa y resiliente.
Allí comprendimos que la Denominación de Origen del Tequila no es solo un sello de calidad, sino un escudo protector del alma de un territorio. Cada botella, sin importar en qué parte del mundo se descorche, representa el legado de quienes cuidan la tierra, cosechan el agave, giman sus piñas, y respetan los tiempos de la fermentación y la destilación.
El
paisaje agavero: entre el reconocimiento y la responsabilidad
Desde 2006, la UNESCO reconoce el
Paisaje Agavero y las antiguas instalaciones industriales de Tequila como
Patrimonio de la Humanidad. No se trata solo de una designación estética: es
una advertencia silenciosa. Este territorio, moldeado por siglos de interacción
entre la naturaleza y el hombre, requiere ahora de una visión sostenible. El
cambio climático y la presión industrial exigen una nueva conciencia para
proteger esta joya cultural y ecológica. Preservar el paisaje agavero es
también proteger la memoria de Jalisco.
Ilustración: Sándwich de mortadela
La cadena productiva del Tequila, que hoy sostiene más de 70.000 empleos directos, ha transformado la economía de la región, pero también su tejido social. Las comunidades que dependen del agave no solo trabajan para producir, sino para vivir con dignidad, con oportunidades reales y con sentido de pertenencia. Muchas empresas del sector lo han entendido así, promoviendo acciones comunitarias, programas de igualdad y sostenibilidad a largo plazo.
El
papel de la mujer en la industria del Tequila: una revolución silenciosa
Hasta los años ochenta, la
entrada de mujeres a las cantinas (centros de producción), estaba legalmente
prohibida en México. Hoy, ese mismo universo ha cambiado de rostro. Las mujeres
no solo forman parte del engranaje industrial como envasadoras, técnicas de
laboratorio, gestoras y científicas, sino que se han convertido en líderes
visibles. Cerca del 10 % de las explotaciones de Tequila en la actualidad son
propiedad de mujeres, que no solo rompen estigmas, sino que construyen futuro.
Esta transformación no ha sido impuesta: ha sido ganada, paso a paso, con
trabajo, determinación y visión de futuro.
Masterclass
de Tequila y Raicilla: dos almas, una raíz
En el marco del certamen, tuvimos
también la ocasión de asistir a una masterclass imprescindible, impartida por Jaime
Villalobos Sauza, sobre dos bebidas que comparten origen, pero no destino: Tequila
y Raicilla.
De forma sintética y pedagógica, se abordaron (en inglés) las diferencias botánicas, técnicas y culturales entre ambas. Mientras el Tequila proviene exclusivamente del agave Tequilana Weber variedad azul y debe producirse en regiones delimitadas, la Raicilla admite otras variedades de agave, como el Maximiliana, Inaequidens, Rhodacantha y Angustifolia, así como métodos más artesanales, vinculados a microterritorios de gran riqueza etnobotánica. Si el Tequila representa el dominio industrial de una tradición que se ha hecho global, la Raicilla sigue evocando una relación íntima con el terruño, con una producción de escala más contenida, pero no menos valiosa. Ambas coexisten como expresiones distintas de un mismo espíritu, reflejando los matices de un país que ha aprendido a destilar su diversidad.
Una
geografía irrepetible
El Tequila no podría nacer en
otro lugar. Su denominación de origen delimita una zona muy específica dentro
de México, que abarca principalmente las tierras que rodean la laguna de
Chapala y los ríos Zula y Santiago. Estas zonas no solo ofrecen condiciones
climáticas favorables, sino una composición mineral única, resultado de
milenios de actividad geológica, que imprime al agave características
organolépticas irrepetibles.
El Consejo Regulador de Tequila
(CRT) es la entidad encargada de garantizar la autenticidad y calidad del
tequila, protegiendo su Denominación de Origen desde 1994.
https://www.crt.org.mx/en/home/
Las plantaciones de Agave
Tequilana Weber variedad azul configuran un paisaje que no se contempla: se
respira. Filas perfectamente ordenadas de agaves de espinas firmes y simetría
impecable se extienden en suaves ondulaciones que tiñen de azul acerado los
campos de Jalisco. A medida que avanza la mirada, ese azul no se disuelve, sino
que se intensifica, hasta fundirse con el cielo en un horizonte donde la tierra
parece florecer en puntas de lanza. Es un mar vegetal inmóvil, pero lleno de
vida, que late al ritmo del sol y del tiempo.
Tarda años, a veces más de una década, según la especie y el entorno, en alcanzar su plenitud y madurar completamente. Bajo el sol implacable de los altos valles de Jalisco, el Agave tequilana Weber variedad azul extiende sus hojas como lanzas al cielo, absorbiendo la memoria del suelo volcánico, la humedad de las lluvias estacionales y la paciencia de quienes entienden que la calidad no admite atajos.
Del
Agave al Espíritu: El Relato del Tequila
Tarda entre seis y diez años en
madurar completamente. Durante ese tiempo, el Agave Tequilana Weber
variedad azul se alza con dignidad sobre las tierras volcánicas del altiplano,
almacenando lentamente almidones complejos y concentrando la savia de la
tierra. Solo cuando la planta alcanza su plenitud, comienza una de las fases
más emblemáticas del proceso: el jimado.
Entonces entra en escena el
jimador, figura casi mítica de manos curtidas y mirada precisa. Con una
herramienta ancestral “la coa” (cuchilla circular montada en el extremo de un
largo mango de madera), desprende con arte y técnica las pencas del agave,
liberando su corazón: la piña. No se trata de una labor mecánica, sino
de un acto de conocimiento profundo, donde el equilibrio entre dulzura y
amargor se decide con cada corte. La calidad del futuro tequila comienza aquí,
en la precisión de este gesto milenario.
Las piñas, que pueden llegar a alcanzar un peso de hasta 100 kilos, son transportadas desde el campo hasta las destilerías (localmente llamadas “Tabernas”), donde inicia la transformación alquímica. Primero se cuecen en hornos tradicionales de argamasa o en autoclaves modernos, durante tiempos y temperaturas cuidadosamente controlados. Este paso, lento y esencial, es imprescindible porque los almidones que contienen las piñas de agave son polisacáridos complejos e insolubles. En su estado crudo, no pueden ser fermentados por las levaduras. Mediante la cocción, estos almidones se hidrolizan térmicamente, rompiéndose en azúcares simples y fermentables (como fructosa y glucosa), esenciales para que la fermentación alcohólica acontezca de manera efectiva.
Una vez cocidas, las piñas se trituran con tahonas de piedra o molinos mecánicos para extraer el “aguamiel”: un jugo espeso, dulce y fragante, que encierra el alma líquida del agave. Este mosto, aún virgen, es trasladado a tinas de fermentación, ya sean de acero inoxidable o madera, donde el tiempo, las levaduras y la temperatura dan lugar a un fenómeno silencioso pero decisivo. Los azúcares se transforman en alcohol, y el mosto se convierte en un líquido de escasa graduación (entre 4% y 5% vol.), pero cargado de promesas aromáticas. Es aquí donde la microbiología toma el relevo de la naturaleza, definiendo buena parte del perfil sensorial del futuro tequila.
La destilación (doble por norma y por excelencia) depura la esencia. En la primera fase, llamada destrozamiento, se obtiene un líquido turbio y rústico conocido como “ordinario”. La segunda destilación, o rectificación, tras la eliminación de las llamadas “cabezas” (ricas en metanol, acetaldehído y otros compuestos no deseados), eleva la pureza y concentración alcohólica hasta alcanzar entre 55% y 65% vol., revelando ya los contornos de una personalidad única, potente y aún maleable.
Si el destino del líquido es la inmediatez, se embotella como tequila blanco o plata, conservando su expresión vegetal más pura. Pero si el espíritu requiere reposo, se traslada a barricas de roble blanco americano o francés, donde el tiempo y la madera lo cincelan lentamente.
Antes de alcanzar la copa, el
líquido es diluido con agua purificada hasta lograr la graduación deseada,
normalmente entre 35% y 40% vol. Luego se filtra, buscando limpidez y
estabilidad. Finalmente, el embotellado culmina el ciclo, y cada etiqueta lleva
inscrita no solo su origen, categoría y tipo, sino también el aval irrefutable
de la Norma Oficial Mexicana (NOM), garante de autenticidad,
trazabilidad y excelencia.
Así nace el tequila: no como una
simple bebida, sino como el resultado de un diálogo ancestral entre el campo,
la ciencia y la cultura. Un espíritu noble que no solo embriaga, sino que
cuenta una historia tejida con paciencia, conocimiento y respeto.
Dos
categorías, múltiples expresiones
El
Tequila se divide en dos
grandes categorías según la proporción de azúcares:
- Tequila 100 % agave: elaborado únicamente
con azúcares provenientes del Agave Tequilana Weber variedad azul.
Su producción y embotellado deben realizarse en instalaciones autorizadas
dentro de la zona protegida por la DOP. En la etiqueta puede leerse “100 %
agave”, “100 % puro agave”, o variantes que incluyan el término “azul”.
- Tequila (mixto): permite que hasta el 49 %
de los azúcares fermentables provengan de fuentes distintas al agave. Solo
el 51 % mínimo debe proceder del Agave Azul. Aunque sigue
siendo Tequila, este tipo puede ser embotellado fuera de la zona de
producción, bajo ciertas condiciones reguladas.
Algunos de estos tequilas pueden
someterse a un proceso llamado abocamiento, que busca suavizar su perfil
sensorial mediante ingredientes como colorante caramelo, extractos de roble,
glicerina o siropes.
Los
cinco estilos de Tequila
- Blanco o plateado: sin maduración o con una
inferior a dos meses. Puro, directo, sin aditivos, es la expresión más
transparente del agave.
- Joven o dorado: mezcla de Tequila blanco con
reposados, añejos o extra añejos, o bien blanco abocado. Ideal para
quienes buscan complejidad sin perder frescura.
- Reposado: con al menos dos meses en contacto
con roble. Puede estar abocado. Suave, estructurado, equilibrado.
- Añejo: con un mínimo de un año en barrica de
roble (máximo 600 litros). Redondo, especiado, de largo recorrido.
- Extra añejo: envejecido más de tres años en
roble. Profundo, elegante, ideal para paladares entrenados y momentos
pausados.
Dato acerca de la destilación:
El alambique, instrumento introducido en América por los conquistadores, no fue
solo una herramienta técnica: fue el punto de partida para convertir el agave
en cultura líquida. En Jalisco, la tradición del tequila y la raicilla nacen de
esa alquimia precisa entre fuego, tiempo y tierra. Su proceso de elaboración,
transmitido generación tras generación, es tan complejo como simbólico.
Raicilla:
Espíritu Ancestral del Occidente Mexicano
Si el Tequila es estandarte, la Raicilla
es resistencia. Según me contaron algunos productores lugareños, durante siglos
fue destilada en secreto, lejos de las rutas comerciales, por razones de ahorro
en impuestos. Hoy, con su denominación de origen protegida, se presenta como un
testimonio auténtico de los micro-territorios de Jalisco. Sus procesos, sus
variantes botánicas y su heterogeneidad la hacen única en el panorama mundial
de las bebidas espirituosas.
En las tierras altas y costeras
de Jalisco, donde las montañas se funden con el Pacífico y la niebla humedece
los amaneceres, crecen los agaves con una nobleza silvestre que desafía el
tiempo. Allí, el Agave Maximiliana, (la Lechuguilla Serrana), se enraíza
en la roca dura, mientras que, en la costa, el Agave Angustifolia, de
hojas anchas y espinas decididas, se nutre del sol y la sal. Son plantas de
crecimiento lento, muchas veces recolectadas al borde de acantilados o entre
veredas escarpadas, donde el conocimiento del terruño es tan importante como la
técnica de corte.
Cuando llega su momento, se
inicia un proceso que no responde al reloj industrial, sino al ciclo de la
sabiduría campesina. Comienza así la transformación del agave en Raicilla: un
destilado que no se impone, sino que se revela.
El jimador, con su coa, desprende
las pencas y libera la piña. Algunas alcanzan los 80 kilos, otras apenas
superan los 20, pero todas contienen en su interior la promesa de un espíritu
auténtico. A diferencia del tequila, donde la norma regula con precisión cada
paso, la elaboración de la raicilla es una celebración de la diversidad: cada
productor, cada zona, cada tipo de agave aporta un estilo, un ritmo, una
personalidad.
La cocción de las piñas es el
primer acto de alquimia. En los métodos más ancestrales, se utilizan hornos de
foso cavados en la tierra, cubiertos con piedra volcánica y leña local; en
otros casos, se emplean hornos de argamasa, de vapor o autoclaves metálicos.
Cada técnica aporta distintos matices: humo, tierra húmeda, caramelo, resina…
todo dependerá del tipo de horno, del agave, del tiempo y del fuego. Nada se
repite, nada es igual.
Tras la cocción, las piñas se
desmenuzan con fuerza y paciencia. En las versiones más puras, (la llamada Raicilla
de Tradición Ancestral), se utilizan canoas de madera y mazos o hachas
manuales. En métodos artesanales, se recurre a molinos mecánicos, y en algunas
regiones se mantiene viva la tahona (Piedra de molino). El objetivo es siempre
el mismo: liberar los jugos espesos y fragantes del agave cocido, manteniendo
sus fibras intactas, que jugarán un papel vital en las fases siguientes.
La fermentación se realiza en
tinas abiertas, expuestas al entorno y al misterio de las levaduras endémicas.
Los recipientes pueden ser de madera, piedra, arcilla, cuero o acero
inoxidable, con capacidades que oscilan entre 200 y 1.500 litros. No se añaden
aditivos, ni se controlan artificialmente los parámetros. Es un proceso vivo,
espontáneo, donde el entorno, el clima y la altitud influyen tanto como el tipo
de agave. En algunos casos, el aroma de la fermentación recuerda al pan
caliente, en otros al bosque húmedo, y en algunos, al cuero, al queso maduro o
a frutas tropicales en fermentación.
La destilación, último acto del
ritual, se realiza en alambiques de cobre, acero, barro o materiales mixtos,
casi siempre en lotes pequeños que no superan los 1.000 litros, y en el caso de
Raicilla de Tradición Ancestral, con menos de 200 litros. El fuego es directo,
la paciencia es clave. A menudo se incluye la fibra de agave en la primera
destilación, lo que intensifica el carácter vegetal de la bebida. Aquí, más que
precisión técnica, se exige intuición, oído, olfato y experiencia: saber cuándo
cortar cabezas, corazones y colas no se enseña en libros, sino en años de observar,
oler y catar.
El resultado es un líquido que no
se puede domesticar: puede ser afilado o sedoso, herbal o afrutado, con toques
de humo, sal, tierra, leche o piedra mojada. Los Raicillas de la Sierra,
elaborados principalmente con Agave Maximiliana, suelen ser más
florales, cítricos y etéreos. Los Raicillas de la Costa, hechos con Agave
Angustifolia o Rhodacantha, son más densos, terrosos, rústicos y
envolventes.
El proceso puede terminar allí,
con un “Raicilla Joven” o “Plata”, embotellado sin intervención, o continuar
con el reposo: ya sea en vidrio bajo tierra durante más de doce meses (reposado
en vidrio), o en barricas de roble durante uno, dos o más años, dando lugar a “Raicillas
Añejados” o “Extra Añejados”, cuyo perfil recuerda ligeramente al ron o al
whisky, pero con un alma vegetal inconfundible. También existen versiones
abocadas, donde se incorporan ingredientes naturales para modificar su sabor,
como frutas, hierbas o especias.
Sensaciones
del Agave y su Versatilidad en la Copa
Aunque se disfruta con todos los
sentidos, es en el olfato donde Tequila y Raicilla revelan su verdadera
complejidad. Los aromas son testigos silenciosos de su origen y de cada paso
del proceso: la cocción del agave, la fermentación, (controlada o espontánea),
el contacto con la madera, el paso del tiempo y, por supuesto, la destilación.
Nada está ahí por azar. En el caso de Tequila, los blancos pueden expresar
notas frescas de agave crudo, hierba cortada, cítricos o anís; los reposados y
añejos, en cambio, suman vainilla, caramelo, frutos secos y maderas nobles. En cuanto
a Raicilla, la riqueza olfativa es aún más vasta: desde tonos florales,
minerales o lácticos en los Raicillas de Sierra, hasta aromas ahumados,
resinosos, frutales o incluso salinos en los de Costa.
Pero es en boca donde ambos
destilados confirman su linaje. La entrada puede ser suave, punzante, untuosa o
seca, dependiendo de la graduación alcohólica, la técnica de destilación y el
tiempo de reposo. El ataque inicial revela la intensidad y pureza del agave:
dulce o vegetal en el Tequila blanco, más estructurado y redondo en los añejos;
crudo, salvaje o terroso en ciertos Raicillas silvestres. El paso por boca
despliega la textura, desde la cremosidad glicérica hasta el carácter seco y
lineal, acompañado por una evolución de sabores que pueden ir desde la fruta
madura, los cítricos confitados o el pan tostado, hasta notas umami, yodadas,
balsámicas o de cuero, según el origen y el método. En los mejores ejemplares,
esta progresión es armónica y envolvente, sin desequilibrios.
Al final, aparece la fase
retronasal, donde los compuestos volátiles resurgen con nuevos matices:
especias dulces, madera noble, cacao, raíces, humo o flores secas. El
retrogusto deja una huella clara del tipo de agave y su tratamiento, a veces
con una mineralidad persistente, otras con dulzor residual natural o una sutil
astringencia vegetal. La persistencia, esa capacidad del destilado para
permanecer en boca y memoria, varía según su complejidad y elaboración: breve y
directa en estilos jóvenes, o prolongada, multidimensional y evolutiva en
expresiones artesanales y añejadas. Cada nota, cada sensación táctil o
gustativa, es el resultado de un equilibrio técnico y artesanal que solo la
experiencia, tanto del productor como del catador, puede valorar en su justa
medida.
En coctelería, el tequila blanco
destaca en preparaciones cítricas como el Margarita o el Paloma, gracias a su
frescura y perfil vegetal. Los tequilas reposados y añejos se integran mejor en
cócteles más estructurados, como el Old Fashioned o el Manhattan, aportando
notas de vainilla, roble y especias. La raicilla, con su carácter más rústico y
silvestre, brilla en combinaciones con jugos tropicales, bitters aromáticos o
vermuts secos, donde su complejidad ahumada y mineral puede ser protagonista
sin perder autenticidad.
Puerto
Vallarta: una pausa en el paraíso
Tras las sesiones de cata, la
organización nos tenía reservada una escapada que fue, sin duda, uno de los
momentos más evocadores del viaje. Dos días en Puerto Vallarta que incluyeron
una travesía en catamarán hasta Playa Majahuitas, un rincón escondido entre
selva tropical, aguas cristalinas y un sistema de cuevas submarinas tapizadas
por arrecifes negros y peces multicolores. Este enclave, a tan solo dos
kilómetros de Quimixto, ofreció una experiencia sensorial paralela: no a través
del olfato y el gusto, sino del asombro ante la belleza natural en estado puro.
Entre despedidas y promesas
El regreso a casa, como siempre,
llegó cargado de emociones. Despedidas que no suenan a final, sino a “hasta
pronto”, en un circuito de amistad internacional que se refuerza año tras año.
Vuelvo con la mente llena de aromas, sabores, paisajes y conversaciones. Con el
firme deseo de reencontrarme con muchos de estos colegas el próximo año, en un
nuevo país, con nuevas bebidas por descubrir y nuevas historias por escribir.
Agradecimientos
No quisiera cerrar esta crónica
sin expresar mi más sincero agradecimiento por la experiencia vivida durante estos
días memorables en México, tierra de hospitalidad generosa, cultura viva y
espíritu destilado.
Gracias, en primer lugar, a Ulric
Nijs, Director del certamen Spirits Selection by CMB, por su visión y
liderazgo, y a Baudouin Havaux, Presidente del Concours Mondial de
Bruxelles, por continuar fortaleciendo este puente entre saber, pasión y
excelencia.
Mi reconocimiento también a Carlos
Borboa, Coordinador del certamen y director del primer Wine Bar CMB en MDF,
por su energía incansable, su compromiso con la calidad y su amor profundo por
el vino y los destilados.
A las autoridades de
Guadalajara y del estado de Jalisco, por su cálida acogida institucional,
con especial atención a Michelle Fridman, Secretaria de Turismo, por su
presencia cercana y eficaz.
A Erika López, por su
constante disponibilidad, amabilidad y profesionalidad; y a Jaime Villalobos
Souza, por compartir sus enseñanzas con generosidad y profundidad.
Agradezco la hospitalidad de Hacienda
El Centenario, y muy especialmente las atenciones y simpatía de Mónica,
en la encantadora Hacienda del Carmen.
Gracias también a Casa Sauza
Tequila, por una visita enriquecedora; a Casa Cuervo Tequila, con
una mención especial a Araceli Ramos, su Directora de Relaciones
Públicas, por su cercanía y elegancia profesional; y a Casa El Tequileño por abrirnos sus puertas con calidez.
Extiendo también mi gratitud a los raicilleros de “Taberna 3 Gallos”, custodios de una tradición tan auténtica como apasionante, y, por supuesto a todos los productores artesanos de Raicilla que nos deleitaron con su buen hacer.
Un agradecimiento muy especial a
mis compañeros nacionales, Cristina Tierno, Jesús Bernad y Salvador Blanco,
con quienes he tenido el honor de compartir esta edición como parte del “Equipo
Olímpico Español 2025” de catadores de bebidas espirituosas. Más allá del
conocimiento y la experiencia, nos une una complicidad profesional y una amistad sincera que
convierte cada certamen en una celebración del espíritu, la camaradería y el
criterio compartido.
Y finalmente, a todo el equipo
organizador del Concours Mondial de Bruxelles, por seguir contando
conmigo, año tras año, como jurado internacional representando a España. Es un
honor formar parte de esta comunidad global comprometida con la excelencia
sensorial y el diálogo entre culturas.
A buen seguro, dejo nombres sin
mencionar. A todas esas personas que hicieron de esta experiencia algo
inolvidable, les pido disculpas por el olvido, y les dejo aquí mi gratitud más
sincera.
Y lo que viene…
En la próxima crónica, compartiré
en detalle los resultados que más nos importan: los espirituosos españoles que
han obtenido Medalla de Plata, Oro y Gran Oro. Una celebración al
talento destilado en nuestro país, y un reconocimiento a quienes siguen
apostando por la calidad sin atajos.
Este artículo es más que una
crónica de viaje: es una invitación a explorar el universo de los espirituosos desde
una perspectiva honesta, técnica y profundamente humana. Si deseas seguir
descubriendo los secretos de la cata internacional, te invito a no perderte la
siguiente entrega.














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