GASTRONOMÍA CON RAÍZ Y M.E.G.: EL PODER FEMENINO QUE TRANSFORMÓ LA ALBUFERA DE VALENCIA

Quien diga que  la  gastronomía  solo se  cuece en  los fogones, no ha caminado nunca entre arrozales al  amanecer. Tampoco  ha  escuchado  el  rumor del agua bajo las barcas del  Tancat de l’Estell o el crujir  de una  leña que promete paella. El pasado 14 de  julio,  la  Asociación Mujeres en Gastronomía (M.E.G.)  eligió el corazón  líquido de Valencia para celebrar algo más que una "quedada": fue toda una declaración de principios.

La herencia que brota del agua: Arroz Tartana como punto de partida

En la Albufera, el arroz no se cultiva, se honra. La jornada comenzó con una inmersión —literal y emocional— en los campos de arroz de la histórica firma Tartana, una de esas casas que no necesita artificios para defender su legado. Mientras el barro bajo los pies hablaba de generaciones y paciencia, la visita guiada ofreció algo inusual: la posibilidad de mirar el producto más emblemático de nuestra cultura desde su raíz más profunda. Sin filtros. Sin mitos. Solo el saber hacer, transmitido con humildad. 

Sabores que no piden permiso: la fuerza del territorio en cada bocado

Luga Sabores, con la inteligencia de quien no busca protagonismo sino sinergias, fue el motor silencioso de una degustación que evitó la previsibilidad. Cada firma colaboradora no se limitó a mostrar producto, sino a contar una historia. Agustina Vermut abrió el paladar a la seducción sutil del amargor; Almazara La Senda recordó que un buen aceite es siempre un acto político; Amigos del Postre demostró que la dulzura también puede tener carácter.

Hubo latidos ahumados con Benfumat, clasicismo vibrante con Espinaler, evocación de lonja con La Explanada y un maridaje inesperado de cerveza y paisaje gracias a Mahou. Incluso los uniformes de Santa Bárbara hablaron de elegancia funcional, y Veiko cerró el círculo con ese diseño que mira hacia dentro para proponer fuera.

Paella en vivo: cuando el fuego narra mejor que las palabras

El clímax de la jornada no necesitó discursos. Bastó la madera, el arroz y el tiempo. Los hermanos Riquelme, embajadores del recetario alicantino, dieron una lección de interpretación sin adulteraciones. Una paella donde cada ingrediente parecía puesto no con técnica, sino con intención. Luego llegó la valenciana ortodoxa, con José Zafra al mando, reivindicando la lealtad a un entorno donde el arroz sabe a lo que tiene que saber.

En ambas, el mismo fondo invisible: el respeto. A la tradición, al producto, al fuego.

Una red que no se ve pero se siente

Este encuentro no fue solo una cita gastronómica. Fue un acto de presencia, de reivindicación sin estridencias, de empoderamiento sereno. MEG no busca cuotas ni palmaditas, construye comunidad real, da voz sin imponer, crea espacio sin desplazar. Y lo hace con coherencia: seleccionando aliadas, promoviendo alianzas sostenibles, tejiendo una red que no necesita pancartas para ser contundente.

Conclusión para quien aún cree que esto va de comida

La gastronomía no se cuenta con estrellitas ni titulares. Se cuenta así, desde lo profundo, desde los gestos que no salen en las fotos pero cambian inercias. Lo que ocurrió en la Albufera fue un acto de militancia cultural, de visibilización sin artificio, de sororidad bien entendida. Y, sobre todo, fue una celebración de lo que de verdad importa: el producto, el paisaje, las personas.

Porque al final, todo empieza con agua, barro y fuego.

Y con mujeres que saben leerlos.

La autora junto a Isis Ventura de Exclusive Events Levante

Exclusive Events Levante – Organización de eventos y comunicación

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